lunes, 9 de enero de 2017

Carta para ti, aunque no la leas...

Entonces tomo conciencia que te perdí. Nuestra relación esta en el peor estado desde que te conozco hace 3 años. Me hablas casi por obligación, te arranco las palabras y respuestas, a veces se te nota de mala gana, a través de los bits del mensaje, que escribes por algún compromiso social o porque es tu manera de seguir honrando los tiempos en los que nuestros corazones latían tan cerca uno del otro.
Te perdí. Yo soy el máximo responsable, es cierto que el evento atroz que nos ha separado fue mi total irresponsabilidad, también hay que admitir que fue sólo la última pedrada a un vidrio ya resquebrajado. Y de esas múltiples fisuras ambos fuimos los causantes, claro yo mucho más que tú. Pero ahora sólo veo esos pedazos, esas astillas de cristal de lo que fuimos. Astillas que hieren, laceran, porque son recuerdos que aún iluminan mi alma.
Te amo, aún la frase suena sincera en mis labios, y puede que mis actos la contradigan, la denostan, pero sigue siendo cierta. Y ese amor es del que nace mi vergüenza y mi culpa. Pero también mi aceptación de que lo  mejor para ti es esto, alejarte, no reponer nuestro vinculo porque simplemente te lastima, y no debes dejar que nada ni nadie te lastime, ni siquiera yo.
Es irónico que pueda escribirte esta carta que cualquiera podrá leer, y tú quizás no lo hagas nunca. Pero, a pesar de la ironía la escribo porque en alguna parte debo escribir lo que se me atraganta en el corazón, se siente como si en la aorta tuviera un quiste que no deja al corazón trabajar.
Ya te escribí, ¿me siento mejor? no, lo único que me haría sentir mejor es besarte de nuevo y eso ya nunca pasará.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Desahogo...

Cuesta ser antisocial...
Yo lo soy por convicción propia. Y por traumas en la niñez, autoimpuestos, porque no recuerdo que sufriera verdaderas humillaciones públicas ni lo que llaman ahora bullying, sino más bien, que resentía demasiado el miedo social. Recuerdo vagamente que me regañaban por hablar antes de tiempo, así que no hablo si no me hablan, recuerdo que me trababa al hablar en público y creía captar miradas de reprobación entre mis compañeros, lo que me llevo a no hablar en público....y así, cosas así, que quizás no fueron como las recuerdo, pero bien decía García Márquez: la vida no es lo que uno vive, sino como lo recuerda. Para bien o para mal esas cosas formaron mi carácter retraído, apático, distante, solitario.
Y sé que no soy así, en el fondo, pues entre mi círculo de amistades (uno obviamente reducido) soy otra persona, ocurrente, de carcajada rápida, hasta simpático. Pero eso me lleva tiempo, bastante, llegar a ese punto con la gente, y, obviamente, nunca en público. A menos claro que este alcoholizado, eso siempre me ha hecho más sociable. Pero obviamente no puede uno andar borracho todo el tiempo (ejem) así que la mayoría del tiempo estoy como describo en el primer párrafo.
Las inseguridades se me juntan, se me atascan en la garganta, en la boca del estómago, siento la sangre agolparse a la cabeza, zumbándome las sienes, me sudan las manos y una desesperación increíble.
Lo cómicamente cruel es que siempre salgo con el encargo, con la tarea, solo es acumular innecesariamente un estrés en los momentos previos.
Lo peor de todo que no es algo voluntario, es casi psicosomático, una respuesta reflejo de mi organismo, que me asalta y me dan ganas de dejarlo todo. Pero el hambre..., la necesidad, te obligan, te retienen. ¿Quién tuviera ya una pensión, o volverse millonario? Ya no estar en el juego...

lunes, 28 de noviembre de 2016

Sobre la muerte de Castro y los apasionamientos en política.


Fidel Alejandro Castro Ruz ha muerto.
Al escribir una opinión sobre este suceso del cual se están vertiendo y, seguramente, se verterán ríos de tinta, real y virtual, me es imposible no pensar en aquella escena de la mítica Ciudadano Kane, donde en un noticiero dan la noticia del deceso del magnate, exponiendo brevemente su vida y obra, pero sobre todo sus contradicciones y las pasiones antagónicas que un individuo así despierta.
Igual que en la ficción, la muerte de Castro, líder de la revolución cubana y jefe de gobierno de la isla caribeña por decenas de años, ha traído al mundo expectación y reacciones de lo más encontradas. Desde las muestras de dolor en la isla, de algunos dignatarios, como el primer ministro canadiense o los políticos de izquierda de todo el continente americano. Hasta las celebraciones del exilio cubano en Miami, y las muestras de gozo de políticos, presentadores de televisión, tuiteros, etc. Ambos lados exagerando las virtudes y errores que les conviene de un individuo que, imposible negarlo, simplemente hizo historia.
¿Cómo valorar a un individuo de tal calibre? Con Hitler, hay unanimidad, era malo, punto. Son pocos los que se atreven a negarlo o siquiera suavizarlo. Franco, Pinochet, son descritos por la historia mayormente aceptada como dictadores pero aún así, tienen simpatizantes que pueden señalar una docena de aspectos positivos de dichos gobiernos. En cambio Fidel es un punto de inflexión, tu postura debe ser clara y cada opinión que se presenta es analizada para hallar en ella la aceptación o el rechazo hacia él, como seguro se hace el lector de estas líneas, intentando desde ya determinar si su autor es de derecha o izquierda.
Los líderes del mundo han reaccionado como el protocolo les manda en casos como éste. Aunque algunos si lo han hecho más efusivamente que otros. En el caso del presidente estadounidense, figura antagónica de lo que representaba Fidel, simplemente señala que "La historia recordará y juzgará el enorme impacto que tuvo esta singular figura en la gente y el mundo a su alrededor."
Frase que, a mí parecer, enmarca muy objetivamente lo que debe decirse del líder cubano. Como aficionado a la historia sé que ésta es veleidosa, que a veces los actos que en su momento se ven inmensos pierden relevancia con los años y las décadas. Siglos después nadie los recuerda, o son una nota al margen de la época. En cambio, también la historia es capaz de cambiar los juicios sobre sucesos y personas. Lo aparentemente bueno se vuelve malo, y viceversa. No podemos ni imaginar que será de la figura de Castro en cien años. Como no se pudo imaginar que la efigie del Che Guevara sería usada, en cierta forma, por manifestantes en Wall Street en el siglo XXI. La historia, pero sobre todo, los historiadores, con el tiempo evolucionan sus posturas y las cosas ya no son lo que fueron o quisieron ser.
Que la Revolución cubana tiene aciertos es innegable, sobre todo en materia de educación, salud y trato a la niñez, pues la UNICEF ha reconocido que la niñez en Cuba no vive en las calles o no se ve forzada a trabajar como el resto de países que gozamos de la libertad para que los niños trabajen en la calle limpiando parabrisas. Aunque eso sí, todo esto no puede negar las violaciones a derechos humanos hacia los disidentes, ni la enfermedad stalinista del culto a la personalidad que se vive en el partido comunista cubano. Luces y sombras en un régimen y una persona que no pueden desligarse a conveniencia.
Lo que si es paradigmático, como siempre, es que haya alegría en ciertos sectores, celebrando la muerte de un "asesino" como dicen, pero que, en su fuero interno, apoyen a otros "asesinos" simplemente porque con éstos sí comparten la ideología. Es como señalar que el acto de matar o masacrar poblaciones no es malo, sino en si la ideología de la victima lo merecía o no, según nuestros propios estándares.
El caso salvadoreño es ejemplar. Mucha de la clase política de derecha ha manifestado alegría y esperanza ante la muerte del que llaman un "tirano" y señalan que las muestras de homenaje deben ser para las víctimas de sus atrocidades. Valga que hay mucho de cierto en ello, lo irónico e insultante es que lo digan aquellos que siguen y homenajean a un personaje tan siniestro y ligado a muertes, secuestros y torturas, como su fundador Roberto d'Abuisson, que en varias investigaciones internacionales sobre derechos humanos es señalado como unos de los principales responsables de los grupos paramilitares de derecha conocidos como "escuadrones de la muerte"
Ahora que viene después.
Nadie lo sabe, el horizonte de una Cuba que vaya por la vía reformista hacia la eventual democracia como la entiende el capitalismo puede verse en el horizonte. Ya en vida de Castro, se habían hecho acercamientos con la administración de Obama. Ahora sin el líder histórico, y con la llegada de Trump al poder en Estados Unidos, las cosas pueden variar mucho.
Cuba ya vive sin Fidel, igual los revolucionarios latinoamericanos y los grupos ultraconservadores. Lo que debe evitarse es extremar las posturas: endiosar o diabolizar. Eso es absurdo, sobre todo desde el punto de vista académico.

jueves, 24 de noviembre de 2016

No, no lo sabes...

No sabes cuanto te quiero
porque no me has visto
llenar de besos tus fotografías
porque no me has oído
susurrar tu nombre
una y otra vez
en el desvelo de la noche oscura
porque no has sentido
el palpitar rápido de mi corazón
cuando sé algo de ti
porque no has saboreado
mis suspiros en la lejanía
porque no has soñado mis sueños
donde te beso y te abrazo

Nunca más...

Nunca más
vencerás a tu orgullo
para decirme :"te amo"
ni te oiré rogarme dulcemente
por mis besos
ya no más
mirar tus ojos
en el éxtasis de la piel
ni podré tomarte de la mano
ni decirte "mi cielo"
viendo como tus ojos responden con ternura
agradecidos y felices

Nunca más
te diré "mi lluvia"
ni sentir tus besos
en la piel y en el alma

Nunca más
haremos más recuerdos
para solazarnos en ellos
ni mis ojos se perderán en los tuyos
ni se confundirán nuestros sudores
en los días de lluvia

Te amo
y nunca más te lo diré.